jueves, 3 de junio de 2010

De cómo Juan el de los frijoles mágicos limpió su conciencia

Cuento incluido en "Cuando los cuentos crecen" de Evelyn UGalde
De venta en Librerìa Universitaria, calle de la amargura, san pedro. 25115858

Muy pocos nos enteramos que Juan el de los frijoles mágicos padecía enormes cargos de conciencia, luego de que en su cuento penetró ilegalmente en la vivienda del gigante, al cual además engañó y robó el ganso de los huevos de oro y el arpa mágica.
Luego de la fatídica tarde en la que cayó el gigante de la enorme planta de frijoles, Juan no pudo tener una sola noche más en calma, en sus pesadillas danzaban elefantes rosados y amarillos que le señalaban como culpable.
Su madre, cansada de ver a Juan con esa cara abarrotada de remordimientos, le propuso una idea:

-Juancito, tranquilo, mira, yo me puse a meditar, y encontré una posible solución, bueno una forma en la que te puedas sentir mejor, escucha, con el dinero de los huevos del ganso podemos construir un mall o centro comercial especialmente diseñado para los gigantes. Todo en tallas extragrandes, camisas XXXXL, botas de 8 leguas, abrigos para arropar a un ejército entero, castillos de dimensiones impresionantes con todo lo necesario para suplir las comodidades de un ser de increíble tamaño.
-Buena idea mamá, desde el día en que cambié la vaca por los frijoles, no me sentía más
contento, daré a los gigantes todo lo que necesiten, construiré Gigantelandia. Tal vez algún día
me encuentre con ese ser que me lo agradezca enormemente.

Desde ese día, Juancito y su madre crearon un gran imperio comercial, en el que convirtieron sus lágrimas de vergüenza en gotas de sudor. Construyeron enormes tiendas, monumentales restaurantes, asombrosos parques de juegos, inmensos estacionamientos.
En el centro del Mall colocaron el arpa mágica para que con sus dulces notas distrajera a los
visitantes del lugar, los cuales como es común en su especie, disfrutaban de sus melodías al
hacer sus compras.
Los días caminaban normalmente, nada se salía de la rutina en Gigantelandia, hasta que un día Juan se acercó a su madre y le dijo: "Que extraño, madre, ayer por fin pude dormir tranquilamente, pero no sé el motivo, entiendo que nuestro emporio gigantesco camina viento en popa, pero te pregunto: ¿ ha sucedido algo extraño en estos días?
-Hay hijo, yo no sabía si decirte o no, porque no estaba segura, pero ahora que lo mencionas, ya no hay duda, ayer tuvimos un visitante que compró de todo en el Mall, camisas, zapatos, sombreros,
electrodomésticos, comida, joyas, hasta un castillo entero adquirió. Fue el cliente más dadivoso
desde que abrimos Gigantelandia, y yo estaba tan emocionada que hasta el arpa le regalé, estaba tan
embelesado escuchándola, y ella cantaba con tanta dulzura, que bueno, no te distraigo con más detalles, el punto es que ese Gigante, se "llevó toda la tienda" como quien dice. Aquí está el cheque, mira, mira...
-Mamá, ¿te fijaste bien en el monto, observaste bien este cheque?
-No, no, en realidad no, ¿por qué?
-Dice: "En esta vida todo se paga"

1 comentario: